Ir al contenido principal

Años...

Ha pasado el tiempo y el espejo refleja una silueta distinta...

Los años han transcurrido y mi piel ya no es la misma, ahora lleva consigo los dobleces que me han transformado en mejor.

Mis cabellos han cambiado su color y textura, ahora, muchos son del color de la luna, pero como ella... brillan cuando agito mi cabeza.

Mis piernas antes firmes ahora están repletas de experiencias por el camino recorrido; y mis manos son la muestra radiante de mis logros más deseados.

A mi vientre lo recuerdo como la más perfecta de las planicies, pero ahora... carga el rastro de lo más maravilloso que he podido ofrecer como mujer: una nueva vida.

Mis caderas ahora estiban los kilos de sabor regalados a mi paladar y mi entrecejo destila líneas de felicidad.

Qué mas da si por mi cuerpo han pasado dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete décadas, si he vivido una vida extraordinariamente plena, llena de experiencias y agasajos que me han llenado el espíritu de luz, qué mas da si mi cuerpo se sigue menguando como ya estaba escrito que pasaría, ¡dichosa yo! que lo puedo contar a ustedes con la más grande de las sonrisas.

Yo no me acongojo por los años que me suman edad, yo los tomo de la mano y me los llevo a bailar.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Tiempo

A través de mi vida, he sido capaz de mirar con otros ojos lo que antes miraba casi de forma fugaz, sin darle la importancia que se merece, sin darme cuenta verdaderamente, el precio incalculable de algo intangible, pero en sumo grado valioso, algo que en un abrir y cerrar de ojos, se escapa de a momentos, para nunca más volver: el tiempo. Los segundos, tal vez, para muchos, son nada, son un puñado de diminutos instantes que, no tienen ningún significado, ningún propósito, y bueno… ¿qué más da? arrojarlos por el borde de lo perdido e insignificante, cuando en nuestro diminuto existir tenemos falsamente la certeza de que, en lo futuro, contaremos con muchos más; quizás tengas esa maravillosa buena fortuna, quizás no. El tiempo desenvuelto en momentos… segundos en los cuales podemos sentir como nuestra, la risa inundada de felicidad de nuestros hijos, las largas platicas con amigos que nos reintegran al camino, el maravilloso tiempo bebiendo una taza de café con nuestros...

Lo extraordinario de lo simple

Casi todos los días muy temprano por las mañanas, antes de irme a trabajar, procuro cruzar la calle para llegar al parque que se encuentra frente a mi casa con el objetivo de pasear a mi hija en su carrito; es una rutina que no hace mucho tiempo comencé a adoptar.  En cada paseo he podido descubrir lo mucho que mi hija disfruta ese pequeño recorrido que abraza un perímetro de cuatro cuadras en donde ella observa e interactúa con su entorno y con las personas que también caminan por el parque, esas personas, en su mayoría de la tercera edad; es muy agradable ver como algunos de ellos, se han ido familiarizando con mi bebé al grado que ya hay personas que se acercan a saludarla. Hay una señora en particular que me alegra las mañanas cuando se acerca a mi hija y con ternura la comienza a piropear, sus comentarios se sienten tan naturales, espontáneos y llenos de luz, que con tanto gusto le respondo con una gran sonrisa, y justo al final de sus oraciones se despide con u...

Sigue caminando

Siempre creí en mis sueños, en cómo es que las cosas “debían” ser, cómo es que después de la “a” sigue la “b”, que “después de la tempestad viene la calma”, y que 1 y 1 son 2. Un día… aparece aquella singular fachada contorneada con pinceles en diversos tonos, con sombras peculiares y destellos que me indican lo contrario. Ella, petulante, asume que las cosas nunca son como deben ser, que después de la “a” sigue la “e”; que después de la tempestad no siempre viene la calma, y que 1 y 1, también pueden ser 11. No me molesto por lo anterior, vendo mis ojos y sigo el camino que me indica mi núcleo sabiendo que nada más importa, que las particularidades deben ser ignoradas porque mi sentir es mucho más fuerte. Pasa el tiempo y la neutralidad aún no se manifiesta, la montaña rusa no cede, pues se aferra a estar en constante movimiento y mi estómago está a punto de colapsar; quizás no fui lo suficientemente precavida para evitar el mareo que causa tal ajetreo. ...