Ir al contenido principal

Cuando la música nos transporta




Cuantas veces no hemos sentido el peso de una melodía que nos conduce a otros lugares, a otros días, a otros momentos, a otras personas; cuantas veces al escuchar esa canción, su letra furtivamente sensibiliza la profundidad del recuerdo y logra aún en contra de la voluntad misma la humedad en las pestañas envueltas en sensaciones que erizan la piel, y también el alma.


Todos hemos tenido la dicha de sentir la música desde la profundidad de la esencia misma sin importar el género, sin importar el entorno, sin importar si quiera, la oportunidad de elegir… y es que cuando sus notas nos tocan la piel, no existe en el mundo forma alguna de arrancar el sentimiento vibrante y cautivador que estremece el momento. 

La voz del intérprete suma al instante el aroma de su identidad armonizando el todo al compás del pensamiento que transporta y resuena más allá de la expresión de las palabras; entonces él, la música, la letra y nosotros, nos impregnamos de la misma magia que acontece la suave y dulce sensación del presente mezclado de pasado.

Somos afortunados de ser capaces de disfrutar de sus delicias que por un instante nos transforman y nos llenan haciendo palpitar energéticamente al estómago hacia otros tiempos…

Muchas gracias al gran músico, cantante y compositor Alexander Acha, pues es él quien me ha hecho transportar con su maravillosa melodía: Amiga.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lo extraordinario de lo simple

Casi todos los días muy temprano por las mañanas, antes de irme a trabajar, procuro cruzar la calle para llegar al parque que se encuentra frente a mi casa con el objetivo de pasear a mi hija en su carrito; es una rutina que no hace mucho tiempo comencé a adoptar.  En cada paseo he podido descubrir lo mucho que mi hija disfruta ese pequeño recorrido que abraza un perímetro de cuatro cuadras en donde ella observa e interactúa con su entorno y con las personas que también caminan por el parque, esas personas, en su mayoría de la tercera edad; es muy agradable ver como algunos de ellos, se han ido familiarizando con mi bebé al grado que ya hay personas que se acercan a saludarla. Hay una señora en particular que me alegra las mañanas cuando se acerca a mi hija y con ternura la comienza a piropear, sus comentarios se sienten tan naturales, espontáneos y llenos de luz, que con tanto gusto le respondo con una gran sonrisa, y justo al final de sus oraciones se despide con u...

Luciérnaga intermitente

Y dijo ella: las situaciones vividas van marcando el camino que andamos como las huellas que dejan los pies descalzos sobre la arena mojada. A cada segundo de nuestras vidas nos vamos encontrado con personas o circunstancias que nos provocan externar la parte de luz u oscuridad que se encuentra inmersa en nuestras entrañas, desde una simple respuesta o reacción no esperada hasta la suave y sutil demostración de afecto que se incrusta en la memoria. Cada día estamos expuestos a las diferentes actitudes y personalidades humanas, esas que no podemos controlar, que nos mantienen a la expectativa, que no nos corresponde maniobrar, esas que en ocasiones nos dejan pensando si recibimos lo que se esperaba haciéndonos sentir que llegamos airosos a la cima de una montaña, o que simplemente nos dejaron caer desde el último piso de un edificio muy alto en donde al momento del impacto se destruyó la magia esperada del momento, o brillamos o nos opacamos: ¡luciérnaga intermitente!. ...

Crecer

Una vez, estuve frente al vacío más grande que mi alma podía sentir y conocí a Dios. Una vez, sentí que debía renunciar y conocí a la Perseverancia. Una vez, miré al niño que no tenía nada en sus manos y conocí a la Generosidad. Una vez, descubrí que los demás también tienen el derecho a sentir y conocí a la Comprensión. Una vez, entendí que hay cosas que toman su tiempo y conocí a la Paciencia. Una vez, acepté que los errores existen y conocí a la Tolerancia. Una vez, entendí que no puedo controlarlo todo y conocí a la Confianza. Una vez, cierta persona me extendió su mano en señal de apoyo y conocí a el Amor. Una vez, aprendí que el resentimiento solo dañaba a mi corazón y conocí a el Perdón. Una vez, recibí el apoyo de alguien y conocí a el Agradecimiento. Una vez, entendí que todo en la vida tiene solución y conocí a la Resiliencia.  Estoy trabajando por conocerlos a todos cada día más. Sigo aprendiendo...