Todos guardamos en nuestra memoria los recuerdos de los tiempos pasados, de los tiempos que ya no son, algunos recuerdos los embaulamos en el fondo de la bonanza, y otros, en el vacío de la oscuridad, cada quien elige en donde, y es que la memoria humana trabaja incesante en los bamboleos de las vivencias sin importarle cuan dichosas o desastrosas hayan sido. Se viven, se registran, y se ocultan en un recoveco de la mente a pesar del paso del tiempo. En ocasiones, cuando el pasado se vive como un nostálgico abrumado que no nos permite continuar con el adrenalínico futuro sin la necesidad del sentimiento de añoranza, sin darnos cuenta, podemos llegar a seducir de tal forma a la tristeza, que esta podría llegar a convertirse en una sombra embriagante haciéndonos permanecer ebrios ante los acontecimientos venideros. Y es por eso que cuando mires las fotografías de tu pasado, riendo o sollozando por lo que fue, ten en cuenta que esas fotografías nos muestran enseñanzas...
Porque para expresarnos no solo existe la palabra, en ocasiones las letras nos abren un camino de expresión único que nos lleva a descubrir cosas inimaginables de nuestro interior. Vive, siente, escribe ...