Ir al contenido principal

Los recuerdos de lo que fue




Todos guardamos en nuestra memoria los recuerdos de los tiempos pasados, de los tiempos que ya no son, algunos recuerdos los embaulamos en el fondo de la bonanza, y otros, en el vacío de la oscuridad, cada quien elige en donde, y es que la memoria humana trabaja incesante en los bamboleos de las vivencias sin importarle cuan dichosas o desastrosas hayan sido.

Se viven, se registran, y se ocultan en un recoveco de la mente a pesar del paso del tiempo.

En ocasiones, cuando el pasado se vive como un nostálgico abrumado que no nos permite continuar con el adrenalínico futuro sin la necesidad del sentimiento de añoranza, sin darnos cuenta, podemos llegar a seducir de tal forma a la tristeza, que esta podría llegar a convertirse en una sombra embriagante haciéndonos permanecer ebrios ante los acontecimientos venideros.

Y es por eso que cuando mires las fotografías de tu pasado, riendo o sollozando por lo que fue, ten en cuenta que esas fotografías nos muestran enseñanzas para el presente que nos ayudarán a construir nuestro futuro, todo es completamente un lejano ocurrido que no transitará más por la carretera del hoy, algunas veces fue precioso, algunas otras fue angustiante, así es, es parte de la vida, es parte de ser, es parte de estar.

Toma el álbum fotográfico de tus recuerdos, ábrelo, analiza foto por foto, cambia de página, regrésala si es necesario, llega al final, y cuando termines, ciérralo, dulcemente ciérralo y ponlo en el librero de lo remoto, de lo que fue, y cuando lo hayas hecho, párate en la línea de tiempo de tu vida, mira al frente con los brazos abiertos y respira los aires de lo desconocido, de lo nuevo, de lo extraordinario, así, cuando voltees hacía atrás, verás tu pasado como lo que fue, sin añoranzas, sin melancolía, sin frustración, y sí con la esperanza, el entusiasmo, la alegría y la ilusión de  hacer una nueva fotografía llena de luz y color.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Tiempo

A través de mi vida, he sido capaz de mirar con otros ojos lo que antes miraba casi de forma fugaz, sin darle la importancia que se merece, sin darme cuenta verdaderamente, el precio incalculable de algo intangible, pero en sumo grado valioso, algo que en un abrir y cerrar de ojos, se escapa de a momentos, para nunca más volver: el tiempo. Los segundos, tal vez, para muchos, son nada, son un puñado de diminutos instantes que, no tienen ningún significado, ningún propósito, y bueno… ¿qué más da? arrojarlos por el borde de lo perdido e insignificante, cuando en nuestro diminuto existir tenemos falsamente la certeza de que, en lo futuro, contaremos con muchos más; quizás tengas esa maravillosa buena fortuna, quizás no. El tiempo desenvuelto en momentos… segundos en los cuales podemos sentir como nuestra, la risa inundada de felicidad de nuestros hijos, las largas platicas con amigos que nos reintegran al camino, el maravilloso tiempo bebiendo una taza de café con nuestros...

Sigue caminando

Siempre creí en mis sueños, en cómo es que las cosas “debían” ser, cómo es que después de la “a” sigue la “b”, que “después de la tempestad viene la calma”, y que 1 y 1 son 2. Un día… aparece aquella singular fachada contorneada con pinceles en diversos tonos, con sombras peculiares y destellos que me indican lo contrario. Ella, petulante, asume que las cosas nunca son como deben ser, que después de la “a” sigue la “e”; que después de la tempestad no siempre viene la calma, y que 1 y 1, también pueden ser 11. No me molesto por lo anterior, vendo mis ojos y sigo el camino que me indica mi núcleo sabiendo que nada más importa, que las particularidades deben ser ignoradas porque mi sentir es mucho más fuerte. Pasa el tiempo y la neutralidad aún no se manifiesta, la montaña rusa no cede, pues se aferra a estar en constante movimiento y mi estómago está a punto de colapsar; quizás no fui lo suficientemente precavida para evitar el mareo que causa tal ajetreo. ...

TRES COSAS

 Abril 16, 2024. Hay tres cosas que deseo… Pienso en ti. Estoy en pausa frente a la luz roja, y mis ojos muy fijos hacia la nada conectan súbitamente con mis recuerdos, dos segundos pasan para darme cuenta que hay tres cosas que ya no puedo hacer, mi corazón se acelera y de pronto, le toca el turno a la luz verde, giro mi cabeza hacia la recta que me dirige a cualquier lugar, mientras que mi mente se quedó pausada en mis pensamientos de la luz roja.  Poco a poco, cada una de esas tres cosas, se fueron individualizando, tomaron forma, lentamente mi mente las fue acomodando en el capítulo del “no más”, volteé la mirada hacia mi lado derecho en donde estaba mi compañera de viaje y muy sutilmente y con voz tenue le dije: “tengo ganas de platicar con el abuelo y es algo que ya no podré hacer más”, ella, con toda la empatía que su pequeño ser me puede dar, me dijo: “no llores”, y sus ojos conectaron con los míos. Regresé a mi centro, sin ignorar esas tres cosas. En ocasiones, vivo m...