Cuando la tierra se paró, no hubo forma humana entre sus mares, sintió el regocijo de la quietud, siempre caminando entre sus propios aires de claridad absoluta sin rastro de aquel mal que por tanto tiempo la había acechado. Cuando la tierra se paró, no dio tregua a la multitud para decidir, pues, tenían ahí, frente a sus ojos, la única alternativa. Cuando la tierra se paró, miraste por primera vez la claridad de los ojos que por mucho tiempo ya te habían mirado a ti, sujetaste el dolor de lo necesario como lo que siempre fue: algo importante; y a la vez, abrazaste con más ahínco lo que siempre habías tenido. Cuando la tierra se paró, deseaste, deseaste mucho, deseaste todo y a la vez nada, imaginaste el futuro como un incierto que, aún y con la posibilidad de tocarlo, se te escapaba de las manos rápidamente. Cuando la tierra se paró, quizás, solo quizás, volviste a nacer. LMM
Porque para expresarnos no solo existe la palabra, en ocasiones las letras nos abren un camino de expresión único que nos lleva a descubrir cosas inimaginables de nuestro interior. Vive, siente, escribe ...