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Aquel hombre


Hace algún tiempo nació un hombre en un pequeño poblado en el estado de Jalisco, México.

Tez blanca, complexión delgada, facciones afiladas, con una personalidad natural, de esas que no presumen, sin poses, sin estereotipos.

Ese hombre ha transitado un camino, así, como muchos otros hombres, que viven, que sueñan, que alcanzan sus ideales, que se mesen con las oportunidades y que no siempre se les pinta la vereda de color de rosa pero tampoco marchan bajo la sombra perpetua del infortunio.

Siempre lo admiré por su templanza, por su dedicación, por su inteligencia, por su capacidad de gobernar su propia vida; esa luz que irradiaba la sonrisa pintada en su rostro por las ganas de hacer algo nuevo, de crear, de aprender, de ilusionarse, simplemente de VIVIR.

Ha pasado el tiempo, y él, ya no es el mismo, pero ¿sabes? tampoco espero que lo sea, nadie, jamás, ha permanecido siendo el mismo toda su vida, sería como dejar de existir, dejar de crecer, dejar de ser; sería como cortarle las alas a un ave, y eso, sería imperdonable.

La vida le ha traído de todo, y en ese todo se ha encontrado con muros que le han sido difíciles de escalar, más de alguna vez ha caído y claro, esas caídas le han causado dolor, frustración, temor, angustia, desesperación y tal vez, un sinfín de sentimientos que posiblemente no sabría ni como describir; es un humano, era de esperarse.

La vida sigue su curso habitual, como cada día transcurre el tiempo, porque ese, es el único despiadado que no aguarda por nadie; sin importarle corre a una velocidad vertiginosa que sin darte cuenta, un día se te ha escapado de las manos, y es ahí cuando volteas hacia atrás y te das cuenta que ya nada puedes hacer, que lo más valioso que has tenido se esfumó, y sencillamente ya no hay más.

Él lo sabe, y su luz, allí sigue, un tanto escondida bajo la penumbra de la confusión y el miedo a la soledad, él sabe que jamás se dará por vencido porque eso sería traicionar sus creencias, sus ideales, su capacidad de lucha constante ante la vida y su fuerza interna.

Yo creo en él, creo en su fuerza para confrontar las adversidades, creo en la magia que guarda su corazón y estoy segura que él lo demostrará, porque así es él, así ha vivido, así ha sido.

Él sabe el gran valor que tiene para las personas que realmente le aman, que sencillamente lo aprecian y respetan, y por esas razones, y la más importante, por él mismo, desenterrará esa garra que ha guardado por algún tiempo y se servirá de ella para lo que nació….

Para ser feliz.


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