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Mi pequeño gran corazón




Según mis cuentas son ya 16 semanas y 2 días en el que este angelito comenzó a crecer dentro de mi. ¡Estoy dando vida a otro ser humano!, esta frase es tan usada, tan repetida, tan ordinaria. Todos los días se engendran miles de bebés en el mundo, pero jamás conoceremos la esencia, lo maravilloso, la magia y el realismo que desencadena esa frase, sino justo hasta el día en que se vive en carne propia, antes de eso, solo son relatos de otras personas narrando qué es lo que ellos sienten, cómo lo viven, cómo reflejan desde su interior aquel sentimiento tan único e irrepetible que los hace cambiar su mundo en un santiamén.

A mí en lo particular me ha causado un sin fin de sentimientos, sensaciones, pensamientos y emociones, desde sentir un profundo e incontrolable temor, hasta una inmensa alegría que hizo rodar una lágrima sobre mi mejilla y una exorbitante ilusión aunada de sueños y visones vagas de cómo es que será convertirme en madre por primera vez.

He escuchado todo tipo de comentarios y consejos, desde el ordinario: “No comas tal o cual cosa porque le puede hacer daño al bebé”, hasta el de: “Ser madre es agotador, ya lo verás, mientras sean bebés no puedes hacer nada”. 

A veces juzgo a esas personas y sinceramente no sé si sea justa tal acción.

Ahora simplemente presto atención a aquellos detalles que antes eran irrelevantes, observo los comportamientos de mi hermana con mi sobrino, escucho los consejos que mi madre le hace y me planteo si lo que ellas hacen o dicen es algo que yo repetiría con mi bebé, en algunas ocasiones coincido, en otras no tanto.

Todos los días ruego a Dios porque mi bebé nazca sano, lleno de vida, chispa y alegría y me imagino cómo es que será físicamente, cómo será su personalidad, qué le gustará hacer y hasta me atrevo a pensar: “Ojalá sea de tal o cual forma”, después medito que aunque ese ser humano vaya  a nacer de mí, será un individuo independiente, con deseos y sueños propios y es ahí donde me digo a mi misma que su padre y yo solo seremos su guía en este mundo completamente nuevo para él y que tendremos que respetar su esencia, su personalidad, su individualidad.

Aún falta un poco más de la mitad del camino para conocer a este gran regalo de la vida y no dejo de pensar ni un solo día en que ese momento llegue, miro constantemente la foto del ecosonograma en la que por vez primera pude ver su pequeño cuerpo ya formado, aprecio de vez en cuando la grabación en donde se mueve y salta como una ranita y me pregunto si es que pudo sentir que le estuve observando, que sus acciones me provocaron alegría, emoción, ternura, amor y risas.

Cada día miro mi barriguita y la toco pensando que mi bebé me siente, que percibe el gran amor que ya le tengo, leo artículos, libros, escucho todo lo que tenga relación con el tema, me infirmo sobre cualquier cosa que me pueda dejar alguna enseñanza de cómo es su desarrollo y crecimiento y apuesto por mí misma porque él me eligió, apostó por mí.

Soy un bulto de dudas que conforme pasa el tiempo y aprendo algo nuevo se van disipando y eso me hace sentir más fuerte y preparada para cuando llegue el gran día, aunque no puedo negar que los nervios se apoderan de mi constantemente pensando en que todo vaya bien, no los controlo como yo quisiera y la forma en la que los apaciguo es orando y confiando en que Dios tiene preparado lo mejor para este amado bebé.


Mi corazón y su pequeño gran corazón laten dentro de mi cuerpo como una conexión indestructible que manifiesta su presencia aún sin llegar a sentirla, un pequeño vientre que crece poquito a poquito dejando su inevitable rastro, cambiando mi cuerpo lentamente, evolucionando. Hoy por hoy somos uno mismo, dos seres alimentándonos de un solo cuerpo hasta que llegue el día en que tenga la fuerza para existir por sí mismo, cuando el cordón umbilical ya no sea el que nos una, sino la fuerza del gran amor que siento por mi pequeño gran corazón… ¡Mi hij@!.

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