Estamos atravesando el penúltimo mes del año y como es costumbre ya se empieza a sentir la agitación de las fiestas decembrinas entre la multitud de las almas. Luces, árboles, decoraciones de todo tipo, envolturas, regalos y todo lo que simbolice la Víspera Navideña se nos presenta frente a los ojos. Para muchos esta temporada es tan ordinaria como las anteriores pero para mí... para mí es especial y única como el regalo debajo del árbol que con abundante alegría abrimos por vez primera el día después de la Noche Buena y la única y poderosa razón de mi sentir tiene nombre, apellidos y once meses de edad, y es que a través de sus ojos pizpiretos, sus emociones repentinas y su dulce ingeniudad he podido mirar el ajetreo navideño desde la niña que alguna vez fui, esas luces, árboles y decoraciones tienen un brillo particular; es como si fueran un conector que va directo al corazón y emociones de mi hija; he sido testigo de la magia que en ella produce el observar una simple serie de luces...
Porque para expresarnos no solo existe la palabra, en ocasiones las letras nos abren un camino de expresión único que nos lleva a descubrir cosas inimaginables de nuestro interior. Vive, siente, escribe ...